El 27 de noviembre de 1967 se inauguró el embalse de Loriguilla con una capacidad máxima de 71 hectómetros cúbicos, un perímetro de 35 kilómetros y una lámina de agua de 347 hectáreas, un pantano que marcaría el futuro del municipio que, en aquel momento, estaba formado por 469 edificios, la mayoría de ellos, pajares, casas de labor y corrales; y 204 viviendas habitadas por 841 habitantes. En febrero de 1968,  794 se trasladaron a su nueva ubicación en la comarca de Camp de Túria, por entonces, territorio de Riba-roja, a tan sólo 22 kilómetros de la ciudad de Valencia. Un enclave con grandes posibilidades de expansión y progreso.

Desde entonces, Loriguilla es un municipio entre dos tierras, entre el llano de su ubicación actual, una zona estratégica e industrial, y la antigua serranía, convertida en un enclave turístico rural. Tras 40 años de abandono, el Ayuntamiento de Loriguilla inauguró en 2008 un Complejo Turístico Rural que pretende recuperar el entramado urbano del antiguo pueblo y poner en valor su gran patrimonio natural, histórico, cultural y etnológico.

Entre los lugares de interés que se pueden encontrar todavía en el antiguo término destaca, sobre todo, por su buen estado de conservación,  la Antigua Iglesia de San Juan Bautista, del siglo XVIII y de clara inspiración neoclásica.  Al otro margen del río,  se encuentran los restos de la Antigua Ermita de la Soledad y la Fuente de la Soledad.

Por su gran valor etnológico y patrimonial, destacan también los conjuntos de corrales de las Casicas de Medién o de Dorce, el Corral del Fandarín y el Corral de la Dula, estos dos últimos de fundación medieval morisca. Justo al lado del pueblo, en el pequeño altozano conocido como el Alto de las Cruces, se sitúa la Casilla de Pilatos, que data del siglo XIV. Se trata de un pequeño habitáculo de planta circular, realizado en piedra en seco y con cubierta de teja morisca, que hacía la función de ermita para cobijar la imagen de Cristo cuando subía por la senda del calvario en el Vía Crucis.

Un poco más arriba del Alto de las Cruces se encuentra la Balsa de las Mulas, un charco natural donde el ganado solía beber y descansar. Y debajo, a unos metros de la Casilla de Pilatos,  crece uno de los árboles singulares del municipio, la Garroferica de las Cruces. Fue sede de reunión de los pastores y después, lugar de recreo y retiro para comer la mona de Pascua.

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