UN AÑO DE RECONSTRUCCIÓN

UN AÑO DE RECONSTRUCCIÓN
04 de Noviembre del 2025
Loriguilla participa del suplemento "Un Año de Reconstrucción" que publica Las Provincias.
Nos pidieron contar, junto a otros pueblos, la experiencia del pasado año en la reconstrucción. Desde el Ayuntamiento hemos querido hablar de caminos y campos, pero también del daño psicológico que acompaña a estas catástrofes.
Os dejamos el texto completo y la página dedicada a nuestro pueblo:
"La DANA de octubre nos enseñó a la fuerza que algo que sucede en minutos puede repercutir y prolongarse en la eternidad. En Loriguilla la reconstrucción material terminará gracias al arduo trabajo y la colaboración entre las distintas administraciones. Pero hay otra reconstrucción de la que pocos hablan, silenciosa y oculta que tardará décadas en sofocarse: la de las mentes que vivieron el horror de aquella tarde. Esa, por desgracia, no hay retroexcavadora o dinero que pueda con ella.
En Loriguilla todo comenzó al bajar las aguas, cuando esas olas de fango y cañas dejaron de golpear los muros de las viviendas y abandonaron nuestras calles, todavía con los cuerpos calados por la lluvia, comenzamos la pelea digital contra las telecomunicaciones.
¿Estamos todos bien? ¿Hay algún vecino o vecina desaparecidos? La noche fue larga, pero el amanecer nos dejaba la esperanza de aquellos que volvían andando de sus puestos de trabajo, sin calzado, sin dormir, sin aliento, sólo para abrazarse a sus familias y decirles que estaban con vida dónde otros muchos habían perdido las suyas. El Sol se abría paso entre la destrucción de los campos y un puñado de calles junto al barranco.
Un año después, tras haber evaluado concienzudamente la catástrofe, somos muy conscientes de lo sucedido y que Loriguilla sufrió mucho más de lo que parecía.
El termino forestal de la Serranía sigue en estos momentos con los trabajos de recuperación de caminos, ramblas, pasos y diques. El corazón de aquella montaña vuelve a entretejerse con las lindes que unen los pequeños pueblos serranos, una labor que TRAGSA y el MITECO siguen realizando a día de hoy.
Aquí en el núcleo urbano del Camp de Túria, se ha hecho un tremendo esfuerzo por habilitar caminos en una población que depende de ellos para todo. Aquella noche la conexión de Loriguilla con la A3, nuestra arteria principal, quedó gravemente dañada. Incomunicados, el Ayuntamiento comenzó el reparto de agua y alimentos básicos a las personas que no tenían otro modo de abastecerse. Quizá fuese la primera gran infraestructura en la que se pudo trabajar, el paso sobre unas vías de tren que a día de hoy siguen sin funcionar.
Accesos y caminos… Quedaba y queda pasar al otro lado del barranco. Dos puentes afectó la riada, uno quedó completamente destruido y hubo que demolerlo… El otro pudo recuperarse y reforzarse para su uso principal, el agrícola, un sector primordial en nuestro pueblo, con multitud de campos y cultivos afectados gravemente. En la actualidad seguimos peleando con Diputación y la Confederación Hidrográfica del Júcar para que el segundo puente se amplíe todo el tramo que la barrancada decidió ensanchar nuestro nuevo cauce. Los agricultores, siguen también con su lucha ante lo incierto.
Y en esas estamos, con los servicios principales completamente reestablecidos, hemos decidido prepararnos para lo peor. En Loriguilla no podemos evitar la crecida de las ramblas, pero sí que hemos sabido adaptarnos a la necesidad. ¿No hay agua? Construimos un depósito de 600.000 litros sobre el terreno ¿No hay Luz? Pues instalamos generadores autónomos en edificios críticos para poder atender a la población. ¿No hay modo de informarse? Pues instalamos un sistema de megafonía por toda la localidad para emitir alarmas y comunicados.
Pero queda, sin duda, lo más difícil. No podemos eliminar del todo el miedo de los niños que lloran sin consuelo cuando vuelve a llover o resuenan en el cielo los truenos de una tormenta, no hay subvención estatal que logre evitar que aquellos que moran cerca del barranco no vivan con el corazón encogido cada vez que anuncian alerta naranja o roja por lluvias.
En esta tierra donde la lluvia no sabe llover, en la que muchos nos criamos yendo al colegio con botas de agua en plena “gota fría”, pasaremos años reconstruyendo individualmente los muros de la mente que el agua tumbó y no hemos podido levantar de nuevo.
Esa reconstrucción seguirá mientras vemos llover desde la ventana, con las manos sobre el cristal y el aliento entrecortado buscando que pare, que se detenga de una vez y vuelva a salir el Sol.
Esa reconstrucción de la que nadie habla y sigue en marcha, es la que aún queda en Loriguilla."